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2016-01-12
¿Son compatibles las actividades agraria y minera?


Durante las últimas cuatro semanas, la discusión política del país se centró especialmente en el tratamiento, por parte de la Asamblea Nacional, del proyecto de Ley de Tierras y Territorios Ancestrales, un proyecto que según sus creadores, busca generar la redistribución de tierras con fines de producción agraria, en respuesta a la subutilización de grandes extensiones de territorio. Este proyecto de ley fue aprobado en segundo debate el día 7 de enero de 2016 y se encuentra a la espera del pronunciamiento del Presidente de la República.

Su discusión, mediática como cualquier otro tema de interés, despertó en el sector minero varias inquietudes respecto del destino que se dará a las tierras rurales: ¿La ley prohíbe cualquier otro uso de territorios rurales, distinto al de la producción agraria? De ser así, ¿dónde se desarrollarán los proyectos mineros? Finalmente, ¿La adquisición de grandes extensiones de terrenos superficiales, en donde subyacen concesiones mineras, se puede reputar como concentración de tierras?

Estas son algunas de los cuestionamientos que, oportunamente, la Cámara de Minería del Ecuador comunicó a la Asamblea Nacional, y sobre los cuales seguramente se obtendrá una respuesta. Mientras tanto, queda en el aire un cuestionamiento adicional, que aunque básico, muchas veces escapa a la memoria de quienes se encuentran inmersos en el sector, y que se ha tomado como bandera de lucha por la oposición minera: ¿Son compatibles las actividades agrarias y mineras?

La explotación de tierras rurales.

Uno de los argumentos de los detractores de la actividad minera es que el desarrollo de esta atenta abiertamente contra el suelo y sus componentes, pues al extraer minerales, se ocupan grandes extensiones de territorio, dejándolos infértiles luego de finalizada la actividad extractiva. Estos terrenos, afirman, podrían ser utilizados para el desarrollo de actividades de agricultura y ganadería, en todas sus formas.

A pesar de estas afirmaciones, varios estudios demuestran que la realidad es distinta. Las extensiones de tierra utilizadas por la minería son extremadamente reducidas, en comparación con aquellas utilizadas por la agricultura y la ganadería. Un estudio publicado por el Departamento de Recursos Naturales de Canadá concluye que en el año 1998, solo el 0,01% del territorio del país del norte fue utilizado para la explotación minera, mientras que el 7% fue utilizado en el sector agrícola.[1] Por su parte, países como Perú y Brasil cuentan con el 0,08% y el 0,45% de sus territorios bajo explotación minera, respectivamente, mientras que la agricultura alcanza, en su orden, el 4,2% y el 9,1%[2].

De estas cifras se concluye que por el ejercicio de la actividad minera, no se deja de realizar actividad agraria. Por el contrario, existen suficientes tierras rurales para el desarrollo de ambas actividades, que de manera sostenible, procurarían el desarrollo económico y social de las personas.

La utilización del agua

El agua tiene varios usos de suma importancia en la minería. Su utilización es esencial para la separación de minerales, que puede darse a través de lixiviación, flotación o separación gravitacional (en el caso de lixiviación, el agua se mezcla con reactivos solubles para separar el mineral de interés de las rocas)[3]. Otros usos son la refrigeración, limpieza y lubricación de las herramientas de corte, o la humidificación de las canteras para evitar el levantamiento de polvo en zonas secas.

La utilización del agua para actividades mineras ha sido uno de los principales cuestionamientos realizados por los actores agrarios. Muchos sostienen que el agua que se utiliza para estos efectos, podría usarse para el riego de cultivos o para el consumo humano. Este argumento se suma a aquel de la contaminación del agua, que por su utilización en el proceso de separación de minerales, se vuelve inutilizable.

Medir con exactitud la cantidad de agua utilizada en la minería a gran escala resulta complicado, pues mucho de este líquido vital es constantemente reutilizado para cumplir con los procesos industriales propios de la actividad, además de los procesos de evaporación y retorno del líquido a las corrientes subterráneas. A pesar de estas dificultades, un estudio publicado por el Minerals Council of Australia establece que el agua utilizada para la minería en el país oceánico no supera el 3% del total del agua para consumo humano.

Otro caso ejemplificativo viene desde Argentina, donde la mina de Veladero, la más importante para la extracción de oro y plata en la Provincia de San Juan, reporta un consumo de agua de 57 litros por segundo, siendo la misma cantidad que se le asigna a una finca de 60 hectáreas para cultivo. En términos generales, del total del agua para agricultura e industrias en Argentina, el 93% se destina a la agricultura, mientras que apenas el 1% es destinada a la minería.[4]

Sobre su contaminación, es necesario establecer que la actividad minera sostenible y responsable, con implementación de la tecnología apropiada, utiliza el agua en un circuito cerrado, para reusarla en los distintos procesos industriales. Esto ha hecho que el consumo del agua para actividades mineras se reduzca radicalmente, evitando la contaminación por vertimiento en fuentes o cauces naturales. Las pérdidas de agua en este tipo de circuitos se dan principalmente por su evaporación, antes que por su disposición final.

Los beneficios económicos y sociales.

Finalmente, es importante destacar que, debido a la fuerte inversión que proviene de la minería, se generan fuentes de trabajo y desarrollo en infraestructura de la cual la agricultura también se beneficia. La inyección de capital y la construcción de vías de acceso y comunicación, hacen que la economía se dinamice y que exista más necesidad de compra y transporte de alimentos, lo cual repercute en un incremento de las ventas de estos productos y, por lo tanto, en un esperado incremento de la producción agrícola y ganadera.

La minería y la agricultura sí son compatibles.

Pese a que ambas actividades tienen lugar en las tierras rurales, la agricultura y la minería sí se complementan. La escasa utilización de tierras por parte de la minería y su baja utilización de agua hace que la agricultura no pierda sus espacios ni sus insumos. Por el contrario, la fuerte inyección de capital en inversiones mineras repercute directamente en el dinamismo e incremento de la producción agraria.

Evidentemente, esta armonía y complementariedad solo podría lograrse si es que las autoridades de gobierno conciben a estas actividades según su naturaleza, en función de lo anteriormente explicado. Un marco normativo coherente y con visión facilitaría el acoplamiento de ambas actividades en la realidad.

Esta nota tiene fines académicos únicamente y no representa nuestra posición ni la de nuestros clientes en casos específicos. Andrade Veloz 2016 ©.

 

[1] Natural Resources Canada, Background Paper on Land Access, Protected Areas and Sustainable Development, 1998, p. 45.

[2] Tomado de http://datos.bancomundial.org/indicador/AG.LND.ARBL.ZS/countries?display=default

[3] Cámara Argentina de Empresarios Mineros, Minería Argentina Todas las Respuestas – Agua y Minería, Buenos Aires, p. 2.

[4] Ibídem, p 3.

 

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