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2016-09-28
¿Es posible que las compañías puedan adquirir sus propias acciones o participaciones?


La adquisición por parte de la compañía de sus propias acciones o participaciones es conocida también como “autocartera” en otros regímenes.

En legislaciones como la española, la autocartera se encuentra muy bien regulada, pues, según varias sentencias del Supremo, la adquisición por parte de la compañía de sus propias acciones o participaciones puede ocasionar graves consecuencias a la compañía, a los socios y a terceros.

El Tribunal Supremo de España ha mencionado que: “desde la perspectiva dogmática se ha afirmado que las sociedades no pueden ser socias de sí mismas, ya que se trata de una situación contradictoria y que la sociedad carece de capacidad para adquirir sus acciones o participaciones- ante sus eventuales efectos indeseables habida cuenta de la posible incidencia negativa de la autocartera en la esfera económico-patrimonial de la compañía, con su doble vertiente de vaciar la función de garantía del capital diluido y de disminuir su solvencia y la capacidad económica; el riesgo de que se utilice de forma desviada, como herramienta para modificar la correlación de poderes en la esfera la corporativo-interna mediante su uso por los administradores de forma discriminatoria y arbitraria para el apartamiento de los minoritarios díscolos y el reforzamiento de otros; la inadecuada publicidad de los recursos propios aportados por los socios; y, finalmente, el peligro de que influya en el valor de la sociedad en el mercado -especialmente en el caso de sociedades de capital disperso-.[1]

Por otro lado, la adquisición de las acciones o participaciones por parte de una sociedad, no solo está limitada a la adquisición de la sociedad inmediata, sino que, se considera autocartera, además, a la adquisición de las acciones o participaciones que pueda realizar la sociedad dominante, en el caso que exista un grupo de empresas.

Existen dos tipos de adquisiciones de acciones o participaciones por parte de la propia compañía: i) adquisiciones originarias; y, ii) adquisiciones derivativas.

i)               Adquisiciones originarias

Las adquisiciones originarias corresponden a la autocartera realizada en la constitución de la sociedad o en posteriores aumentos de capital.

ii)             Adquisición derivativa

Son todos los tipos de adquisiciones que no sean originarias, como por ejemplo, cuando la sociedad dominante de un grupo obtiene las acciones o participaciones de la sociedad dominada.

La normativa en el Ecuador respecto a la adquisición de las propias acciones o participaciones por parte de la compañía es vacía; sin embargo, el artículo 192 de la Ley de Compañías acepta que la compañía adquiera sus propias acciones (sociedad anónima), siempre y cuando se realice lo siguiente:

  • Que, la junta general de accionistas, por unanimidad, decida sobre la compra de acciones de la compañía;
  • Que, la operación de compra utilice únicamente los fondos de las utilidades líquidas (beneficios netos debidamente determinados); y,
  • Que, las acciones estén 100% liberadas.

La autocartera en el Ecuador únicamente puede cumplir con dos finalidades: i) amortizarlas; o, ii) revenderlas.

De conformidad a la Doctrina No. 28 de la Superintendencia de Compañías, la amortización de las acciones puede realizarse de conformidad a dos fórmulas:

 La una,  con cargo al capital, para la cual se requiere el acuerdo previo de la reducción del mismo; y,

 La otra con cargo a las utilidades repartibles y sin disminución del capital.

Se debe recalcar que la amortización, cualquier fórmula que se emplee, no puede exceder del 50% del capital. Asimismo, se debe tener en cuenta que las acciones amortizadas deben ser retiradas definitivamente de la compañía.[2]

Por otro lado, en el supuesto que la junta no deseare amortizarlas, sino, adquirirlas- con el fin de revenderlas posteriormente- no es necesario disminuir el capital, únicamente se debe cumplir con los requisitos antes mencionados, y obviamente, evidenciar que el retiro de las acciones no es definitivo.

Con respecto al tiempo que las acciones adquiridas por la sociedad deben conservase en la misma, la normativa no tiene nada estipulado; sin embargo, en legislaciones como la española, este tipo de actos únicamente puede subsistir por un año.

Con relación a las sociedades de responsabilidad limitada, la legislación ecuatoriana no permite que este tipo de compañía adquiera sus propias participaciones, y esto responde a la naturaleza de este tipo de sociedad (cerrada). En todo caso, esta adquisición puede ser posible, únicamente, para amortizar las participaciones, siempre y cuando esté previsto en el contrato social de la compañía, y dicha amortización se la realice utilizado utilidades líquidas disponibles para el pago de los dividendos.[3]

La reducción de capital en las compañías de responsabilidad limitada se encuentra prohíba por ley, por lo que, se debe tener mucho cuidado al momento de que se realice la compra de sus propias participaciones[4], pues, este acto podría acarrear nulidad.

Aunque no exista norma específica para establecer la votación de la adquisición de las participaciones de una sociedad de responsabilidad limitada, es necesario seguir con el lineamiento del artículo 117 de la Ley de Compañías, el cual establece que: “Salvo disposición en contrario de la Ley o del contrato, las resoluciones se tomarán por mayoría absoluta de los socios presentes. Los votos en blanco y las abstenciones se sumarán a la mayoría.

En conclusión, la adquisición de las acciones o participaciones por parte de la compañía que las emitió, es un acto que se debe tener sigilo, pues, esta puede afectar de manera directa al ejercicio de la compañía, a los derechos de los socios o accionistas y a terceros.

Si la adquisición de acciones o participaciones no cumple con las finalidades antes dichas, el acto es nulo.

 

 



[1] Sentencia del Tribunal Supremo núm. 79/2012 de 1 marzo RJ 2012/5295.

[2] Art. 196 de la Ley de Compañías.

[3] Art. 112 de la Ley de Compañías.

[4] Art. 111 de la Ley de Compañías.

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