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2017-06-28
“Green is the new black” (Texto en español)


 

A lo que se refiere el dicho anglosajón “green is the new black” es que los productos orgánicos o ecológicos están de moda en la actualidad.

 Las personas tratan de vivir sano, y esta nueva actitud no solo engloba a los productos alimenticios, sino que, los podemos encontrar en todo lo que nos rodea.  Pero ¿son estos productos realmente orgánicos y ecológicos?

Actualmente, la Comunidad Europea, en adelante “CE”, establecerá una nueva normativa común a todos los países que forman dicha comunidad, con el fin de evitar abusos por empresas que tratan de vender supuestamente productos naturales, orgánicos o ecológicos.

A partir de octubre del presente año, Europa unifica criterios para que los productos que se comercializan con palabras como ecológicos, biológicos u orgánicos sean realmente lo que dicen ser.

Al regularizar este tipo de productos en toda la CE, los consumidores tendrán la certeza de que los productos identificados con las palabras o siglas que se refieran a productos “verdes”, sí lo sean. Por ejemplo, en España ya se regula este tipo de conductas a través de la figura de “marca de garantía”, la cual regula a las compañías y protege a los consumidores. Pese a esto, la normativa únicamente abarcará a alimentos, dejando de lado otros productos como los textiles. En esta industria se ha evidenciado un uso indiscriminado de los términos antes mencionados para llamar la atención de nuevos clientes. Con respecto a esto último se dice que: “[d]onde más se abusa de estos términos es (…) la textil, donde es habitual encontrar, junto a la marca, el eslogan 100% algodón orgánico, cuando ni si quiera saben si en el cultivo, lavado o producción del tejido se ha empleado algún tipo de elemento químico”.[1]

Para Laetitia Lagarde, experta en Propiedad Intelectual del estudio Baker McKenzie, muchos artículos “corren el riesgo de que su marca de certificación sea cancelada por ser engañosa para el consumidor”.[2]

No solo la EU ha regulado estos asuntos. En Estados Unidos, la legislación sobre las marcas de los productos que llevan alguna alusión a ser ecológicas, biológicas u orgánicas se encuentra ya desarrollada. Por ejemplo, en el 2015 un tribunal de Florida impuso una multa de 4.5 millones de dólares a la fabricante de dentífricos “naturales” Tom´s of Maine porque sus productos contenían ingredientes químicos como el zoals xilitol y el laurilsulfato, lo cual se lo consideró como engañosos y falsos.

En el Ecuador, no existe una norma específica que regule la identificación de productos “verdes”. Sin embargo, existe normativa general que protegería a los consumidores de actos potenciales de engaño. Por ejemplo, la Constitución de la República establece que [l]as personas tienen derecho a disponer de bienes y servicios de óptima calidad y a elegirlos con libertad, así como a una información precisa y no engañosa, sobre su contenido y características”.[3]

Asimismo, y concatenado a lo establecido en la Carta Magna, los artículo 4 y 6 de la Ley Orgánica de Defensa al Consumidor indican que no se podrá engañar de ninguna manera al consumidor[4]

Por otro lado, en la Ley Orgánica de Regulación y Control del Poder de Mercado se señalan las prácticas desleales que no pueden incurrir las personas con el fin de ganar mercado, confundiendo al consumidor.[5]

Aunque la Superintendencia de Control del Poder de Mercado aún no ha intervenido a los productos que contienen la especificaciones vistas en el presente artículo, esta ya ha manejado varios casos con relación a productos que contienen términos como con la palabra “light”, resolviendo que los productos que lleven esta palabra en sus marcas y no lo sean, las quiten de manera inmediata del producto comercializado. Sin bien es cierto que lo mencionado es un avance, se cree que es necesario que se exprese una normativa contundente para que el consumidor no sea burlado, como se lo ha hecho hasta ahora.

Los actos propuestos a la mencionada Superintendencia para el análisis de ciertos productos son formulados por los competidores, en su mayoría- por lo que- es necesario que el consumidor actúe de forma más activa para el fomento de una mejor normativa, y que los órganos de control sean más observadores sobre los productos que se los comercializan.

 

 

 



[1]http://www.expansion.com/juridico/actualidad-tendencias/2017/05/18/591dd33fe2704ec8408b4624.html

[2] Ídem.

[3] Artículo 13 de la Constitución del Ecuador.

[4] Artículo 4, numeral 4 de la Ley Orgánica de Defensa al Consumidor:

Son derechos fundamentales del consumidor, a más de los establecidos en la Constitución Política de la República, tratados o convenios internacionales, legislación interna, principios generales del derecho y costumbre mercantil, los siguientes:

4. Derecho a la información adecuada, veraz, clara, oportuna y completa sobre los bienes y servicios ofrecidos en el mercado, así como sus precios, características, calidad, condiciones de contratación y demás aspectos relevantes de los mismos, incluyendo los riesgos que pudieren presentar.

 

[5] Artículo 27 de la Ley Orgánica de Regulación y Control del Poder de Mercado:

 

Entre otras, se consideran prácticas desleales, las siguientes:

 

1.- Actos de confusión.- Se considera desleal toda conducta que tenga por objeto o como efecto, real o potencial, crear confusión con la actividad, las prestaciones, los productos o el establecimiento ajenos.

En particular, se reputa desleal el empleo o imitación de signos distintivos ajenos, así como el empleo de etiquetas, envases, recipientes u otros medios de identificación que en el mercado se asocien a un tercero.


2.- Actos de engaño.- Se considera desleal toda conducta que tenga por objeto o como efecto, real o potencial, inducir a error al público, inclusive por omisión, sobre la naturaleza, modo de fabricación o distribución, características, aptitud para el uso, calidad y cantidad, precio, condiciones de venta, procedencia geográfica y en general, las ventajas, los atributos, beneficios o condiciones que corresponden a los productos, servicios, establecimientos o transacciones que el operador económico que desarrolla tales actos pone a disposición en el mercado; o, inducir a error sobre los atributos que posee dicho operador, incluido todo aquello que representa su actividad empresarial.

Configura acto de engaño la difusión en la publicidad de afirmaciones sobre productos o servicios que no fuesen veraces y exactos. La carga de acreditar la veracidad y exactitud de las afirmaciones en la publicidad corresponde a quien las haya comunicado en su calidad de anunciante. En particular, para la difusión de cualquier mensaje referido a características comprobables de un producto o servicio anunciado, el anunciante debe contar con las pruebas que sustenten la veracidad de dicho mensaje
.”





 

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