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2018-01-17
MUJERES EN LA PROFESIÓN JURÍDICA Y EL TRABAJO REMOTO


En la famosa película Erin Brockovich, que le valió un Premio de la Academia como mejor actriz a Julia Roberts, se desarrolla como argumento secundario el drama familiar que debe soportar una mujer que trabaja en la profesión legal, para conciliar su vida profesional y éxito con su vida familiar. Este drama está lejos de ser secundario en la vida de la mayoría de mujeres abogadas en el Ecuador.

 

Hace algunos meses, la Firma tuvo la oportunidad de auspiciar el evento “Perspectivas, Abogadas en el Siglo XXI” organizado por Women in the Profession, en el cual se discutió, entre otras cosas, que el mayor reto para las mujeres en la profesión ya no se encuentra en una barrera de acceso a la profesión, sino en los ascensos una vez que las mujeres ya son profesionales. Esta barrera responde a muchos factores, pero se observa que uno muy relevante es la dificultad de conciliar la profesión con el ideal de familia que buscan muchas mujeres.

 

La realidad es que muchas mujeres abogadas, tarde o temprano –si deciden ser madres–llegan a la encrucijada de cómo esta decisión va a repercutir en sus vida profesionales. Parece ser que las mujeres no pueden tenerlo todo, que la biología de alguna manera las ha condenado a una decisión imposible, o son las mejores profesionales sacrificando un tiempo irrecuperable de la vida de sus hijos, o son las madres presentes que quieren ser, sacrificando su carrera profesional.

 

En medio de este escenario de desesperanza, aparece como un mecanismo alentador, sin ser una solución a la barrera antes mencionada, el trabajo remoto. El cual está siendo implementado con mayor frecuencia en otros países y fue regulado expresamente en nuestro ordenamiento jurídico desde mediados del 2016 para el sector privado[1].

 

Las Normas que Regulan el Teletrabajo establecen la posibilidad de implementar este tipo de trabajo de mutuo acuerdo entre el empleador y trabajador, de manera permanente o parcial y otorga los mismo derechos laborales a los trabajadores presenciales y remotos.

 

Aunque su regulación en el Ecuador es todavía muy limitada y su implementación aún más, el trabajo remoto presenta una interesante alternativa para las mujeres en la profesión. La abogacía, con el desarrollo del internet y la comunicación a través de teléfonos celulares, se ha tornado en una profesión apta para implementar el trabajo remoto, cada vez más transacciones e incluso reuniones con clientes se realizan de manera no presencial y los sistemas de facturación de tiempos, disponibles en la gran mayoría de firmas, permiten un control efectivo de las horas trabajadas.

 

Además, este tipo de trabajo genera beneficios a las firmas de abogados o compañías como son la reducción de costos en espacio físico, gastos en planta física y mejora la productividad de sus empleados y asociados, con una medición de logros y metas cumplidas.

 

Por otro lado, desde la perspectiva de las mujeres, el trabajo remoto permitiría una mejor organización de las tareas profesionales y familiares en horarios complementarios, reduciendo el tiempo y gastos de transporte, sin sacrificar su productividad y calidad de trabajo. Si bien el trabajo remoto no es la solución a la brecha entre hombres y mujeres en la profesión, la cual responde a temas históricos, culturales entre otros, es un importante inicio para reducir esta diferencia.

 


[1] Normas que Regulan el Teletrabajo en el Sector Privado. Acuerdo Ministerial No. 190, publicado en el Registro Oficial Suplemento No. 825, el 24 de agosto de 2016.

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